sábado, 25 de septiembre de 2010

El desgano de vivir en un mundo ficticio...

A veces siento deseos de volver a aquellos días en que todo era verdad, verdad un tanto amarga pero verdad a fin de cuentas, cuando dolían los coscorrones, los atraques a la vuelta de la esquina donde conocías mejor a una persona que en 5 años de chat, en la panadería aquella, esa que no tenia de competidores y verdugos a los supermercados, a las caricias de mamá, a los domingos de oír a la distancia a los "chunchos" que bailaban como si fuese el último día, a cuando tener amigos no dependía de si tenias o no un buen computador o una consola de juegos de lujo, si no en tu capacidad de sociabilizar y portarte lealmente con la gente y ganártelos a fuerza de amistad, muchas veces al día quiero y pienso que necesito volver a ese mundo, a ese planeta perdido, necesito sentir esa armonía, de que si alguien quería arreglar un problema contigo, iba y te daba vuelta la cara de un puñete, sin tener que acudir antes a las redes sociales para desprestigiarte delante de miles de personas.

Siento que extraño el mundo, que me encuentro en una laguna deshabitada, no me siento muerto, pero sí en trance. Creo que mi motor necesita más aceite, siento las que ya no me asusta sentir el ritmo de mis arterias, sospecho que estoy pidiendo auxilio en minúscula, arrullo en las últimas
                                             murmullo en tránsito
                                             sentir el tácito
                                             placer de merecer
                                             por defecto concebido
                                             mas sin mucho haber vivido
                                             me siento con la confianza y mareo
                                             que antes de escribir lo que veo y no creo
                                             debí haberme metido en mis ganas de vivir y su deseo.
Quisiera cerrar esta pequeña ventana

sin temor a redescubrirme

y que antes de permitirme un respiro

se cierre pues no quiero sacudirme el sendero caminado

nada es en vano, todo cuesta oro y nada he defendido.










Quiero dedicar este momento a quienes me quieren.


Gracias

Solo debe ser un ataque de nostalgia.


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